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lunes, 27 de abril de 2020

CORONAVIRUS e IMPERIOS

Por: Rodrigo Bernardo Ortega                                                   Abril de 2.020
 
Los virus son simplemente moléculas que se preocupan únicamente de reproducirse en gran manera y lo más rápido posible. Lo que nos distingue a los seres vivos de dichos virus es una función de relación: necesitamos una sociedad en la cual participar y compartir. Ahora bien, si subimos en la escala biológica, encontramos que la diferencia entre una plaga y nosotros los humanos está ligada a una función de arraigo: cuidar de un país que nos protege como individuos.

Los virus acompañan al hombre desde sus comienzos como homo sapiens. Comencemos con una leyenda narrada por Walter Ledermann:

Hace unos veinte mil años, un hechicero cro-magnon regresaba de un retiro de tres días en el monte, donde había estado recolectando yerbas mágicas, cuando le informaron que uno de los hombres había llegado enfermo después de una larga jornada. Seguro de su poder curativo -la ignorancia hace audaces a los médicos- se recubrió con su vestimenta de venado y fue a verlo. Apartó el cuero que tapaba la entrada de la caverna e iluminó al enfermo con su antorcha. De inmediato dio un respingo, retrocedió espantado, ordenó levantar el campamento y huir hacia un incierto fin en medio de la noche. En la pustulosa cara del enfermo había reconocido la viruela -o alguna peste similar de la época- cuya horrorosa imagen había recibido a través de los relatos sucesivos de su padre y de su abuelo, y sabía que la muerte era inevitable.

Esta ha sido siempre la primera humana reacción a las terribles pandemias: pánico. Un miedo súbito, extraordinario, que oscurece la razón. Al pánico sigue la huida, como consecuencia ineludible.

domingo, 3 de febrero de 2019

AMÉRICA LATINA: LA ZONA DE INFLUENCIA DEL GOBIERNO TRUMP

Por: Rodrigo Bernardo Ortega                                        Febrero de 2019

 
La reciente elección del ultraderechista Jair Bolsonaro como presidente de Brasil confirma el fatídico presente de la democracia en América Latina. Salvo unos contados casos, la derecha conservadora se ha hecho nuevamente con el poder en el continente. Atrás quedaron las grandes conquistas sociales de los gobiernos de izquierda que redujeron notablemente los índices de pobreza en la región. Por si fuera poco, el líder de la llamada “democracia más antigua del mundo” es un individuo con ideas peligrosas e incendiarias. En efecto, Donald Trump ha demostrado que las instituciones y medios de comunicación no son más que obstáculos para llevar a cabo sus proyectos y ambiciones. El magnate-presidente quiere promover su visión del mundo donde los empresarios depredan los recursos, la humanidad sólo es un eslabón para encumbrar a unos pocos hombres y la democracia con sus pesos y contrapesos es un sistema cada vez más inconveniente. Esta es la era del darwinismo social.
Tan maleables son los líderes de América Latina que en el proceso de elección presidencial, todos al unísono criticaban al entonces candidato Trump y lo acusaban de “radical y antidemocrático”; hoy lo alaban e incluso se ha convertido en la estrella polar de algunos gobiernos de la región. Baste mencionar los casos de Colombia, Argentina y Brasil cuyos presidentes han salido a pedir el respaldo de Trump para llevar a buen puerto sus negocios. Por ejemplo, el presidente Iván Duque no ha dudado en recibir asesoría militar para “frenar el problema del narcotráfico”. La nueva perspectiva del gobierno es impedir a toda costa el incremento de las hectáreas de hoja de coca aún en detrimento de lo estipulado en el Acuerdo de paz como la sustitución voluntaria. De nuevo el imperialismo se abre camino en el sur del continente.