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Valentín Cabero Diéguez. Catedrático de Geografía de la Universidad de Salamanca 04/12/2012
Desde
que se anunció por parte de la Junta el denominado Proyecto de Ley de
Gobernanza, Ordenación y Servicios en el Territorio, ha transcurrido
prácticamente un año, sin que los ciudadanos de la región sepan con
objetividad y con relativa sencillez cuál es el futuro y el encajamiento
de la vida de sus pueblos en el nuevo mapa regional que se nos propone.
Tras propalar y señalar «las ventajas» del nuevo modelo, inicialmente
basado en la figura de Distritos de Interés Comunitario y en la unión
voluntaria de municipios, las más de 800 alegaciones recibidas y las
reuniones «tan interesantes» mantenidas con los presidentes de las
diputaciones provinciales de la región, incluida la sensibilidad y
preocupación personal de la presidenta de la Diputación de León, la
Junta se muestra «muy receptiva» a los problemas locales y provinciales y
se queda por el camino el nombre tan desafortunado e inoportuno de
Distrito de Interés Comunitario. ¡Cuánta energía perdida de nuevo en la
ordenación del territorio y en la hipotética construcción de un
verdadero proyecto regional! Veinticinco años contemplan la inacción y
somnolencia de un Gobierno regional enredado en sus propios intereses y
en las prebendas caciquiles de los presidentes de las nueve diputaciones
provinciales, que paradójicamente se pretende fortalecer en el nuevo
modelo de ordenación territorial.