Queremos decidir sobre lo que comemos, de dónde viene, cómo ha sido
cultivado, por quién, cómo se establece el precio. En un mundo
globalizado, donde la distancia entre producción y consumo es cada día
más larga, hay muchas personas que se preguntan sobre el origen de los
alimentos. Los grupos y las cooperativas de consumo agroecológico, que
en los últimos tiempos se han multiplicado en todo el Estado español,
son la mejor expresión de esta voluntad de recuperar la capacidad de
decidir sobre nuestra alimentación.
Se trata de vecinos de un barrio o de una ciudad que se ponen de acuerdo
para comprar directamente a uno o varios agricultores de su entorno, y
apostar por otro modelo de agricultura y consumo, organizándose a partir
de asociaciones o de sociedades cooperativas. Algunas tienen personal
remunerado, la mayoría no. Son experiencias que fortalecen las
relaciones sociales en el territorio, que promueven la economía
solidaria, que generan nuevos puestos de trabajo en el campo en plena
crisis económica.