Por Ronnie Cummins, 5 de diciembre de 2014
“Podemos invertir ( no sólo mitigar) el
calentamiento global, y ya que estamos en ello, también podemos
restaurar la fertilidad del suelo y eliminar la pobreza y el hambre”.
“Es fácil olvidar que alguna vez toda la
agricultura era ecológica, los animales sólo se alimentaban del pasto
que crecía de forma natural y se respetaban los procesos ecológicos de
regeneración. Se disponía de una reserva de semillas, se utilizaba como
abono el estiércol, una diversidad de cultivos, y se criaba el ganado
con la hierba. Todo esto lo asociamos con una alimentación y una
producción sostenibles, algo que era la norma no hace más de un siglo,
siendo ahora la excepción. Por aquel entonces la gente se las arreglaba
para alimentarse y seguía un modelo de no inmiscuirse demasiado en los
llamados procesos naturales de regeneración.
Todos sabemos lo que pasó después: el arado, el
tractor, los combustibles fósiles, el monocultivo, los fertilizantes
nitrogenados, los pesticidas, los herbicidas, las grandes salas de
engorde, los subproductos de origen animal, los transgénicos, la erosión
del suelo, algo que la mayoría de nosotros pensamos que es lo normal,
sin atenernos a otras consecuencias.
Afortunadamente, se está produciendo un movimiento
para redescubrir y aplicar aquellas viejas prácticas de antaño, sin
olvidar la innovación tecnológica, los avances científicos, y los
numerosos conocimientos que antes se tenían para resolver los
problemas”.