Escribo este mensaje con gran preocupación.
Este otoño viajando por el Parque
Natural del Saja-Besaya en Cantabria me llamaron la atención una
impactantes pintadas haciendo referencia al fracking. La curiosidad me
llevo a investigar de que se trataba. Descubrí con asombro que esta
técnica de extracción de gas pizarra también
llamada fractura hidráulica implicaba la contaminación del agua
(subterránea y de superficie), la tierra y el aire con metano, productos
tóxicos, cancerígenos, radiactividad y metales pesados con graves
consecuencias sobre la salud humana (desde daños en la médula ósea y
leucemia a cáncer de riñón, daños neurológicos y del sistema
nervioso). Me asombró aún mas descubrir que esta técnica se estaba
extendiendo silenciosamente y con gran rapidez por gran parte de la
geografía española implicando un gran riesgo para la población de las
áreas afectadas. Algunos de los muchos productos tóxicos utilizados en
esta técnica son el benceno, el xileno, el disulfuro de carbono o el
naftaleno. Para cada perforación se necesitan 200.000 metros cúbicos de
agua y se utilizan unas 600 sustancias entre los que figuran 17 tóxicos
para organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, 8 cancerígenos probados y 7
elementos mutagénicos (en total 4 toneladas de tóxicos por pozo). Esto
es lo que se sabe puesto que las empresas no están obligadas a hacer
público todos los tóxicos utilizados amparándose en la ley de propiedad
intelectual. Esta técnica implica así mismo el uso de enormes cantidades
de agua, graves impactos sobre el paisaje y
pequeños seísmos (el permiso Urraca en Burgos podría suponer por su
proximidad un riesgo para la central nuclear de Garoña).