En 2020, la ICNIRP publicó unas directrices de
seguridad actualizadas para las exposiciones a los CEM que consideran
únicamente los efectos térmicos de la exposición a la
radiación como fuente de cualquier efecto sobre la salud. Dice la ICNIRP
que la prevención de los efectos térmicos, mediante los límites de
seguridad actuales, es suficiente para proteger la salud de los
usuarios.
Sin embargo, hay una larga lista de efectos biológicos observados experimentalmente[5],
inducidos en animales o células cultivadas en laboratorio, por
exposiciones a niveles de radiación que están muy por debajo
de los
límites de exposición establecidos por la ICNIRP. Y que no deberían
producirse. Por tanto, a menos que todos los científicos que han
observado estos efectos estén alucinando, hay algo que falla en la
opinión de la ICNIRP. Estos efectos biológicos observados, sí se
producen en los seres humanos, y podrían tener impacto en la salud.
Las directrices de seguridad, además de referirse únicamente a las exposiciones a los RNI que
inducen efectos térmicos en la materia viva, solo se refieren a las
exposiciones a corto plazo. No proporcionan información sobre si las
directrices de seguridad son protectoras para las exposiciones continuas
y de larga duración (de meses a decenas de años). Si bien se dispone de
investigaciones publicadas sobre los efectos que se producen
inmediatamente, durante o poco después de la exposición, hay
prácticamente muy poca investigación sobre las exposiciones a largo
plazo.
¿Cómo sabe la ICNIRP lo que es seguro sin investigación?
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