El afán por lograr unos productos “perfectos” en su forma y presentación lleva a la industria a cometer errores que acaban perjudicando la salud de los consumidores.
La industria alimentaria es un sector especialmente proclive a condimentar sus productos con una enorme variedad de agentes químicos cuyo objetivo es hacer más atractivos los alimentos que comercializan. Colorantes, conservantes, espesantes, potenciadores del sabor y una amplia gama de sustancias químicas son añadidas sistemáticamente a los alimentos en detrimento de la salud de los consumidores que ingieren auténticos cócteles de insospechados efectos. El pasado 3 de junio, una ciudadana estadounidense lanzó una petición en la red para pedirle a Danone que no añada dióxido de titanio (TiO2) en el yogur tipo griego.
Las nanopartículas TiO2 se utilizarían para potenciar la blancura de los yogures. El TiO2 es un aditivo alimentario que podemos encontrar en las etiquetas identificado como E171. A parte de los riesgos potenciales que se asocian al nado dióxido de titanio, la estadounidense Kristi Arnold se queja ante Danone de que “no tenemos necesidad de que los yogures sean más blancos”. La autor de la iniciativa suplica a la industria alimentaria para que “dejen de contaminar nuestros yogures con metales inútiles”.





